Coplas de Sefarad: El mestizaje del Flamenco

Una exposición sobre flamenco como expresión cultural de frontera que encuentra su raíz en los cruces de camino, líneas en un mapa donde las cosas se mueven de un lado al otro y las personas también.

Coplas de Sefarad: El mestizaje del Flamenco

En días recientes la Embajada de España en Turquía publicó en su cuenta oficial de twitter un tuit en ladino o judeoespañol, una lengua derivada del castellano hablada por los judíos sefardíes. El sentido del mensaje era el de expresar su  cercanía y apoyo a una comunidad con enraizados lazos con nuestro país y cultura usando su propia lengua. Sin embargo es tal el desconocimiento general que existe sobre los sefardíes —los judíos de Sefarad (España en hebreo)— que muchos internautas llegaron a creer que habían jackeado la cuenta de la Embajada.

La ignorancia sobre esta comunidad  (la segunda en importancia y número dentro del pueblo judío) es notable en nuestro país y hunde sus razones en causas que no son objeto de este artículo. En una ocasión tuve el privilegio de conocer a un rabí sefardí con el que pude charlar sobre qué es ser sefardí hoy. Me sorprendió el cariño y la añoranza con que hablan de nuestro país; me contó que en la expulsión decretada por los Reyes Católicos marcharon solo con las llaves de sus hogares —a los que soñaban volver algún día—, su lengua ladina y sus canciones, algunas de las cuales pude escuchar y sin ser un experto en musicología la raigambre jonda era obvia, emocionante.

Morena me llaman,

Yo blanca nací.

De pasear galana

Mi color perdí.

Morenica me llaman

Los marineros.

Si otra vez me llaman

Me voy con ellos.

Esta copla que habitualmente se canta en las bodas guarda junto a ese déje desgarrado del cante jondo el acompañamiento de instrumentos tardomedievales. La variedad instrumental empleada a la hora de manifestarse aporta a esta música una enorme riqueza tanto para el ejecutante como para el oyente. Los sefardíes se expandieron en un principio por los países del Mediterráneo, en particular por el norte de Africa, huyendo de las conversiones obligatorias y la persecución religiosa. Siendo un pueblo perseguido, tal como los gitanos, se generó una música de gente dolida y torturada por las circunstancias.

Cantaba Carmen Linares en el espectáculo “Diquela en la Alhambra” esta petenera sefardí:

¡Ay que llanto en toa España

Por toas las juderías!,

Cristianos di que por Cristo

Muchos miles matarían,

Reconquista Andalucía,

¡Cuántos judios perdían!

Que por saquea sus vienes

¡Muchos miles matarían!.

El cante por Petenera cuenta con una cierta disposición a reconocer en todo el acervo musical y coreográfico flamenco una cierta influencia hebrea. Existen estudios filológicos que creen encontrar en su propio nombre una derivación de la expresión “Música de Sinagoga”. Otros en cambio apuestan por una derivación del gentilicio de Paterna de la Rivera (Cádiz) de donde se cree originaria.

¿Donde vas, bella judía,

Tan descompuesta a deshora?.

Voy en busca de Rebeco

Que espera en la Sinagoga.”

¿Pero porque deberían ser contradictorios?, Al tratarse de una transmisión oral llevada a cabo en la intimidad del hogar o en reuniones de carácter social o religioso no existe una documentación que aporte rigor histórico ni a una ni a otra teoría, pero no deja de ser curioso esa suerte de “mal fario” que algunos flamencos, aun hoy, le otorgan a cantar este palo. ¿Reminiscencias de tiempos pasados de persecución donde su cante podía atraer ciertas sospechas?. Quién sabe. También en estas preguntas radica la belleza original del arte flamenco.

En la vida musical española del medievo no es de extrañar que participaran elementos judíos conjuntamente con la cultura y tradiciones árabes y cristianas. Son múltiples las referencias sefardíes en la presencia instrumental en la música litúrgica, utilizando elementos propios y el cante en lengua ladina. Sin ir más lejos en la famosa Escuela de Traductores de Toledo fundada por el Rey Alfonso X el Sabio ya encontramos una extensa producción musical de coplas en ladino.

La influencia sefardí se extiende hasta la Saeta y la Siguiriya, donde el escritor israelí Máximo José Kahn, dijo que eran cantadas por los cristianos nuevos – recién conversos – para aumentar la poca confianza que puso la Iglesia en su cristiandad. Esta teoría la reafirma Rafael Manzano apoyándose en la exégesis de las saetas ya mencionada, quién las hace derivar – afirma Manzano – de la terrible composición del “Kol Nidrei”. En las sinagogas de Kiev se entonan unos cantos que ofrecen una gran analogía con las saetas andaluzas. Existe una segunda teoría, que trata de derivar su origen hacia la música hispano – árabe. Hay que señalar también que esta opinión ha sido rebatida por Manuel García Matos - ilustre folclorista – donde tras revisar los principales cantos litúrgicos sinagogales, afirma que no existe concomitancias reseñables. Mucho antes a estas teorías, Felipe Pedrell había creído encontrar antecedentes judíos en el Martinete. Pero si somos sinceros, solo existen vestigios e hipótesis con fundamentos históricos y musicales más o menos acordes con las vivencias flamencas a nuestra disposición.

Poco importa realmente, el flamenco como expresión cultural de frontera encuentra su raíz en los cruces de camino, lineas en un mapa donde las cosas se mueven de un lado al otro y las personas también. Donde las diferencias y el origen se difuminan y todos son bienvenidos al calor de una candela donde descansar, calentarse y contar las bondades y desgracias de la vida, de ahí a cantarlas hay solo un paso. Es en ese mestizaje donde nace y encuentra su riqueza el flamenco.