Los Palos del Flamenco - II

La primera parte de los cantes de compás, donde hablaremos de las siguiriyas, las peteneras y la soleá.

Los Palos del Flamenco - II

Cantes de compás

Si hay que definir lo que es música flamenca, no hay mejor forma que con sus cantes básicos. Junto con la carga melódica de los cantes libres, es el ritmo la esencia misma de este arte.

Siguiriyas, soleares, tangos, bulerías, alegrías… tienen su origen en la fusión de culturas que el pueblo andaluz logra a través de su larga historia, si bien son los gitanos afincados en Andalucía sus principales artífices y difusores. Tomando la base rítmica o compás de estos estilos, los grandes maestros del flamenco a partir de mediados del siglo XIX fueron creando y agrandando las familias de cantes, enriqueciendo el flamenco.

El primer cante de compás del que vamos a hablar son las Siguiriyas.

El origen etimológico se haya en la deformación fonética de “seguidilla”, cante que hace su aparición histórica en los últimos años del siglo XVIII. Las principales commarcas son Cádiz, Jerez de la Frontera y Triana, aunque las más conocidas son las primeras ya que las de Triana, mas arcaicas, han sido menos interpretadas y divulgadas.

El acompañamiento instrumental suele ser la guitarra, haciéndolo de forma solemne y de difícil compás, recordando en muchos pasajes musicales al doblar de las campanas, posiblemente derivado de las antiguas tonás que las plañideras cantaban en los entierros.

El ritmo es una combinación de compases binarios y ternarios que origina un tiempo de cinco pulsos, dos largos y tres cortos:

1 – 2 – 3 - - 4 - - 5 – 1 – 2 – 3 - - 4 - - 5

La estructura depende del texto. Habrá tantas secciones como versos se canten, y éstas se distinguen por el tipo de cadencia: semicadencia o conclusiva.

La composición literaria está estructurada sobre la métrica de la seguidilla y el terceto. Ámbos son especialmente dramáticos, con letras tristes que reflejan la tragedia humana.

Considerado uno de los ritmos básicos del flamenco, la siguiriya toma su compás en la guitarra del cante del martinete y de los golpes que los herreros daban con sus martillos sobre el hierro y el yunque. Ha sido un palo muy interpretado y por ello del amplio abanico de siguiriyas fueron surgiendo diferentes estilos siguiendo el mismo compás.

Como ejemplos de estos estilos, están la Siguiriya del “Planeta”, primer cantaor del que se tiene testimonio documental, la Siguiriya del Marruro y la del Loco Mateo, ambos de Jerez de la Frontera del siglo XIX, la Siguiriya de Manuel Torre, el cante por “cabales”, la toná por siguiriya, la liviana, que debe su nombre a que tiene menos dramatismo que la siguiriya tradicional o la serrana.

Peteneras:

Petenera es la evolución del apodo de una cantaora nacida en Paterna de la Rivera (Cádiz). Aplicado al cante, el gentilicio paternera se convirtió en petenera.

La petenera procede de la combinación de compases binarios y ternarios. Eso da lugar a un ritmo de cinco pulsos, dos largos y tres breves.

1 - - - 2 - - - 3 - - 4 - - 5 – 1 - - - 2 - - - 3 - - 4 - - 5

La petenera se canta acompañada exclusivemente por la guitarra. El baile está en desuso en nuestros días.

Existen dos tipos de peteneras, la “chica” y la “grande”. La primera adopta la métrica de la soleá de cuatro versos, en cambio la petenera grande tiene mayor personalidad y se atiene a su propia estructura.

Soleares:

La soleá es uno de los ritmos básicos del flamenco, que admite infinidad de temas. La soleá abre su propia escuela flamenca a finales del siglo XVIII, de manera reducida, a los centros sevillanos de Alcalá, Utrera y Triana.

El origen etimológico de la soleá hay que buscarlo en el término “soledad” y al referirnos al cante suele hacerse con los términos “por soleá” o “por soleares”.

Como en el resto de palos, la guitarra es el instrumento que tiende a acompañar tanto al cante como al baile por soleá.

Originalmente la soleá fue un cante nacido para acompañar el baile por “jaleos”. Con su práctica, fue adquiriendo identidad hasta llegar a ser considerado uno de los estilos básicos del cante flamenco, cargado de una gran variedad de matices. La melodía está muy ceñida al ritmo del compás de la soleá, dando como resultado una serie de giros melódicos cortos.

El ritmo es producto de una combinación de compases binarios y ternarios, que da lugar a un ciclo de 12 tiempos, acentuados de la siguiente manera:

 12  1  2  3  4  5  6 7  8  9  10  11

La armonía es una combinación de modalidad y tonalidad: cadencia andaluza en las partes instrumentales para marcar el compás y tonalidad mayor o menor en algunas secciones de las coplas cantadas o en las falsetas.

La estructura depende del texto, habrá tantas secciones como versos se canten y éstas se distinguen por el tipo de cadencia: semicadencia o conclusiva.

En la estructura métrica de las soleares se utilizan los tercetos y cuartetas y es destacable su capacidad de síntesis, lo que las acerca, en este sentido, a los refranes.

Algunos ejemplos de estilos o variaciones de soleares son la alboreá muy ligada a las bodas gitanas, la soleá grande de Triana, la caña, el polo o el romance.

En el próximo artículo continuaremos los cantes de compás con las bulerías, las alegrías, los tangos y sus variantes.